La encuadernación o acción de coser o pegar varios pliegos o cuadernos de texto y ponerles cubiertas y cuyo objetivo es el de conservar al libro, también pretende darle una adecuada presentación artística y facilitar la manipulación del mismo.
Es a partir de la invención de los códices en época romana que se hace necesaria esta forma de “conservar” escritos.

Sin embargo, algunos volúmenes egipcios y greco-romanos ya habían sido encuadernados de forma rudimentaria. La misma consistía en un envoltorio de piel sobre tablitas de madera que protegía al rollo de papiro o de pergamino y se aseguraba con tiras o correas. Luego dichos volúmenes se guardaban en contenedores cilíndricos de madera o metal llamados scrinium, los que podían contener varios volúmenes juntos. Los libros o volúmenes preciosos, se conservaban en estuches o cajas de metal y se adornaban con pedrería. La España visigoda se destacó en el arte de confeccionar este tipo de cajas lujosas.
También los romanos tuvieron una especie de encuadernación al unir sus pugilares con anillas y cordones creando así los dípticos con charnela.
Libros sagrados
La encuadernación de los libros sagrados comenzó a hacerse lujosa desde el siglo IV.
Para ello utilizaban finas láminas de marfil con relieves y planchas de oro, luego se usó plata con engastes de piedras preciosas y repujado y filigrana hasta llegar a la época del Renacimiento cuando se usó madera labrada, ricas telas de terciopelo, plata y guadamecil -cuero pintado o labrado artísticamente-.
Editorial Alfaguara acaba de publicar “Landen”, la segunda novela de Laia Fàbregas.
Laia Fàbregas, nacida en
‘El bolígrafo de gel verde‘ es, además de la primera novela de este autor, el mejor ejemplo de que si te propones algo y trabajas para lograrlo, se obtiene el éxito.
Como suele ocurrir con todos los grandes descubrimientos, inventos y hallazgos, el del lápiz también tiene más de una versión.



