Como suele ocurrir con todos los grandes descubrimientos, inventos y hallazgos, el del lápiz también tiene más de una versión.
Algunos dicen que el primer lápiz nació en Alemania, algunos sugieren que fue en Francia y otros en Austria. Lo cierto es que el grafito, el alma del lápiz, se descubrió en Inglaterra y fue de casualidad…
Descubrimiento del grafito
Un día, allá por el año 1564 hubo una tormenta tan fuerte en el pueblo de Borrowdale, que derribó inmensos árboles que al caer dejaron al descubierto una masa negra de aspecto mineral. Se trataba de una veta de plombagina o “plomo negro”, un grafito de gran pureza. Enseguida los pastores de los alrededores le dieron buen uso ya que con pedazos de este material marcaba cada uno sus ovejas. Pronto descubrieron que podían comercializarlo en forma de varitas pero como se rompían con facilidad y manchaban las manos y todo lo que las rodeaba, decidieron “forrar” la piedra de marcar con un cordel o cuero de oveja.
El lápiz en Alemania
Fue Kaspar Faber, en Stein -Alemania-, en 1761, quien mezcló grafito con polvo de azufre, antimonio y resinas y así obtuvo una masa espesa y viscosa que se conservaba más firme que el grafito puro.
El lápiz en Francia
Al romperse las relaciones con Inglaterra, comienzan a escasear los lápices en Francia y fue así que Jacques Conté decidió mezclar el grafito con cierto tipo de arcillas, que luego prensaba en barras y despues horneba en recipientes de cerámica. Mediante este método Conté fabricó lápices de diferente dureza y excelente calidad.
El lápiz en Austria
Pero hay otra historia del lápiz que dice que fue inventado por el austríaco Josef Hardtmuth quien, también mezcló arcilla con polvo de grafito; formó barras con la mezcla resultante y luego las sumergió en cera para evitar que la barra se rompiera al escribir. Su idea tuvo tanto éxito que en 1792 fundó una empresa en Viena, que aún hoy funciona.
El lápiz en Estados Unidos
En 1812, William Monroe, de Concord, Massachussetts -Estados Unidos-, creó un proceso mediante el cual produjo tablillas semicilíndricas de madera. Estas tablitas tenían estrías que eran rellenadas con grafito. Luego unía con cola las dos tablitas en torno al grafito y … voilá… nació el lápiz tal como lo conocemos hoy.
Aunque no sepamos a ciencia cierta cual es el origen del lápiz, todos coincidimos en que es el más fiel compañero desde nuestra infancia. Es el lápiz el que sabe cuánto nos costó aprender a “dibujar las primeras letras”, el que soportó más de una “mordida” ante la duda de una respuesta, el que escuchó nuestros suspiros al dibujar un corazón…
El lápiz fue, es y será el mejor amigo de las letras