La asociación entre la literatura y los bares es algo más que un lugar común. De hecho, gran parte de la historia de las letras occidentales nació en bares, pubs, cafés y restaurantes, que sirvieron a los escritores como fuentes de inspiración y centros de discusión y en cuyas mesas se escribieron algunos de los más logrados pasajes de la literatura universal.
Consciente de ello, aunque abocada solamente a la literatura anglosajona, la revista Forbes (Estados Unidos) elaboró una lista de los 10 bares literarios más famosos del mundo. Éstos son:
- White Horse Tavern, en New York: en este bar del West Village de Manhattan, Norman Mailer, Anaïs Nin, Dylan Thomas y varias figuras del nuevo periodismo y de la generación beat, como Allen Ginsberg y Jack Kerouac, tomaban no precisamente agua mineral.
- Eagle and Child, en Oxford: en el Rabbit Room de este pub, se reunían semanalmente los integrantes del grupo literario Inklings, entre ellos, J. R. R. Tolkien y C. S. Lewis.
- Heinold’s First and Last Chance, en Oakland, California: bar archiconocido por ser donde Jack London estudiaba y alimentaba su sed de aventura mientras oía las anéctodas de marineros y estibadores. Sin embargo, el autor de El lobo de mar no fue el único cliente célebre de este sitio; también Robert Louis Stevenson mató aquí el tiempo aguardando el barco que lo conduciría a su último crucero a Samoa.
- Harry’s New York Bar, en París: este establecimiento, que dio luz al Bloody Mary, era visitado por clásicos como Ernest Hemingway y Sinclair Lewis.
- Bar Hemingway del Hotel Ritz, en París: local que cambió su nombre en honor a su archiconocido cliente, a quien muchas veces acompañaba el extraordinario F. Scott Fitzgerald. Otros famosísimos visitantes de este lujoso enclave fueron Marcel Proust y Jean-Paul Sartre.
- Ye Olde Cock Tavern, en Londres: taberna que ya existía en los tiempos de Charles Dickens, por eso la forma añeja “Ye”, hoy suplantada por el artículo “The”. Este reducto fue muy frecuentado por el autor del paradigmático Diccionario de la lengua inglesa, el doctor Samuel Johnson, al que el bar homenajea en la planta baja con una placa que señala dónde acostumbraba sentarse y con un retrato en el que luce junto a una chimenea.
- Davy Byrnes, en Dublin: en estas mesas de madera repletas de Guinness, James Joyce desgranó alguna de las páginas del Ulises.
- Long Bar del Raffles Hotel, en Singapur: en sus mesas Joseph Conrad y Rudyard Kipling rememoraban la madre patria en la distancia.
- Floridita, en La Habana: frecuentado por el dramaturgo Tennessee Williams y por Hemingway, quien pasó varias horas acodado en la barra escuchando a los asiduos del lugar o dándole forma a algunas de sus historias mientras bebía un Daiquirí o un Papa’s, trago que él trasformó a su gusto y que hoy muchos van a degustar a este bar.
- Algonquin, bar del hotel homónimo en New York: por este local han pasado grandes personajes del periodismo, el arte y la literatura, como Dorothy Parker de Vanity Fair o Harpo Marx.
¿Cómo sería esta lista si hubiese incluido las letras hispanoamericanas?
Elaborarla, es un tarea pendiente, pero a la hora de poner manos a la obra, no se podrían obviar el Quatre Gats de Barcelona, centro de creación del modernismo; los cafés de Oriente, Pombo y Gijón, que acogieron las tertulias de los años treinta en Madrid, ni los porteños Café Tortoni, famoso por sus reuniones literarias, y La Paz, centro bohemio de Buenos Aires en los cincuenta y sesenta y refugio de los intelectuales de izquierda a comienzos de los setenta.








