Gran parte de la historia política, filosófica y estética occidental se gestó en los cafés y restaurantes de París. Entre ellos, en Le Procope, frecuentado por figuras como Voltaire, Danton, Robespierre, Marat y Benjamín Franklin.
Todos conocemos aquella típica imagen de París poblada por innumerables cafés en los que la gente se sienta tranquilamente a leer o a conversar acaloradamente.
Pero pocos saben que esta tradición se originó precisamente en el mítico Le Procope, fundado por el siciliano Francesco Procopio Dei Coitelli en 1686, para presentar en sociedad y difundir un brebaje proveniente de Oriente: el café, el cual había sido introducido en la corte veinte años atrás.
Por lo tanto, Le Procope fue el pionero del café en París, pero también de la “charla de café”, puesto que rápidamente se convirtió en el punto de reunión y de intercambio de ideas que cambiarían el mundo, como por ejemplo, aquellas vinculadas con la Ilustración o las que dieron inicio a la Revolución Francesa.
Para fortuna de los viajeros, este refinado, elegante y mítico reducto de París, ubicado en el barrio Saint Germain, más precisamente en el número 12 de la calle l’Ancienne-Comédie, hoy continúa abierto. Y vale la pena acercarse hasta él, para en su refinado ambiente, comer algo o al menos tomarse un café, pensando que por esas mesas también anduvieron Racine, Moliere, Diderot, D’Alembert, Verlaine, Balzac y Oscar Wilde, entre muchos otros.






septiembre 21st, 2009 at 2:45 pm
Es fascinante estar en “Le Procope” , ahí cené el 24 de diciembre de 1999, creo que es un privilegio estar en un lugar tan lleno de historia, me conmovió mucho ver la carta que Ma. Antonieta escribe a sus hijos desde la prisión, es uno de los tesoros que tienen enmarcados.
Además su cocina es magnífica, tengo fotos de esa tan especial cena Navideña en Paris.
Me encantaría volver algún día.
febrero 26th, 2010 at 5:25 pm
Estuvimos cenando en este restaurante el 23 y 24 de Febrero de este año 2010, y realmente nos gusto,tanto la comida como el trato de los camareros, solo encontramos un defecto que nos salio un raton debajo de la mesa.La historia esta muy bien, y hay que alabar que se encuentre abierto despues de tanto tiempo pero la limpieza hay que ser muy exigente con ella, si queremos mantener un nivel aceptable.