
Parroquia de San Sebastián
En el post anterior comenzamos esta ruta por el Madrid de las Letras hasta llegar al Teatro Español, en la Plaza de Santa Ana.
Pues bien, tras conocer aquel centro artístico que acogió las obras de Calderón de la Barca y Lope de Vega, es hora de internarnos en la Parroquia de San Sebastián, ubicada sobre las calles Atocha y San Sebastián, y declarada, por el valor de sus archivos, Monumento Nacional.
Los documentos que atesora este centro religioso de Madrid dan cuenta de la vida de personajes ilustres que allí se bautizaron –Ramón de la Cruz, Jacinto Benavente-, casaron –Mariano José de Larra, José Zorrilla, G. A. Bécquer- o recibieron homenaje tras su fallecimiento. Entre las actas de defunción de San Sebastián, figuran las de Lope de Vega, enterrado allí mismo, Juan Ruiz de Alarcón y José de Espronceda.
Además, en su antiguo cementerio fue donde José Cadalso, destacado literato español del siglo XVIII, vivió aquella experiencia que plasmó en sus célebres Noches lúgubres: el intento de desenterrar el cuerpo de su amada, la actriz María Ibáñez.
Desde allí, cogemos la famosa calle de las Huertas, cuya gran vida nocturna dicen que es herencia del Madrid del Siglo de Oro. Al penetrar en ella, entre varias casas bajas y algunos edificios históricos, nos encontramos bajo nuestras pisadas alguna pieza grabada de Cervantes, Góngora, Quevedo o Bécquer, quienes vivieron o trabajaron en el Barrio de las Letras.
También sobre esta calle, vale la pena hacer una parada en la librería de viejo La Celestina (C/Huertas, 21) y en Casa Alberto (C/Huertas, 18), taberna emplazada en el mismo solar donde Cervantes escribió la segunda parte de El Quijote.
En la Plaza de Matute, tras pasar el cruce con la calle de León, nos encontraremos con el Mentidero de los Comediantes o de los Representantes, reducto donde se reunían ociosos y desocupados de Madrid, especialmente autores, críticos y, como su nombre lo indica, comediantes.
Frente a aquel punto de encuentro, sobre la calle de Cervantes, vivió el final de sus días el autor de Novelas ejemplares, quien anteriormente estaba afincado sobre la calle Huertas. Y muy cerca de él (C/Cervantes, 11), vivía su enemigo Lope de Vega, quien una vez muerto salió de su casa, en la actualidad museo, seguido por todos los madrileños hacia la Parroquia de San Sebastián.
Y como la vida en el barrio es una reproducción del refrán “Pueblo chico, infierno grande”, ocurría que Cervantes, novelista poco reconocido y sin dinero, y Lope de Vega, dramaturgo exitoso, rico, amado por el pueblo y particularmente por las mujeres, solían cruzarse por las calles y lugares de encuentro de la zona. Tan paralelas discurrieron sus vidas que, además de vivir separados sólo por unos metros, se dice que compartieron, además de amante, su devoción por el Convento de las Trinitarias Descalzas de San Ildefonso donde, además, se encontraban ordenadas sus hijas.
En este convento, fundado en 1612 entre la calles de las Huertas y la de Lope de Vega, se encuentra enterrado Cervantes, quien quedó estrechamente vinculado a la orden de las Trinitarias después de que ésta pagara su liberación de las mazmorras argelinas donde pasó cinco años de cautiverio.
Frente a este sitio, esquina calle de Lope de Vega, está el que fuera el hogar de Luis de Góngora y de Francisco de Quevedo, otros conocidos archienemigos de la vida madrileña.
Continuando por la calle de Lope de Vega, llegamos a la Basílica del Cristo de Medinaceli, la cual durante mucho tiempo fue venerada por las actrices de la época, quienes a su vez atraían a un séquito masculino de supuestos devotos. Esta capilla también era visitada por Lope de Vega, Calderón de la Barca y Tirso de Molina, escritores ordenados sacerdotes.
El paseo por el Barrio de las Letras de Madrid, lo finalizaremos en el Paseo del Prado y la Plaza de las Cortes, donde se erige una estatua de Cervantes. A pocos metros de allí, está, desde 1884, el Ateneo de Madrid, famoso centro donde se suceden charlas, foros y reuniones culturales.
Y si aún nos queda tiempo, ya que de autores y libros venimos embebidos, podemos caminar unas cuadras para darnos una vuelta por el Museo de la Biblioteca Nacional de España, donde también están presentes los autores del Siglo de Oro que en Madrid dejaron su huella.







