¿Alguna vez oíste hablar sobre “libros falsos“? Pues parece ser que una copia del Evangelio de Marcos, lo es.
Según la experta bíblica Margaret M. Mitchell, de la Universidad de Chicago, USA, quien ha revisado exhaustivamente el libro junto con expertos en análisis micro-químico y material medieval, han concluido que uno de los tesoros más preciados de la Biblioteca de la Universidad es una falsificación.

Evangelio de Marcos
Esta copia del Evangelio de Marcos seguirá en la colección como un documento de estudio, justamente para que quienes se especializan en reconocer la autenticidad de los libros antiguos, tengan en el Evangelio de Marcos un auténtico ejemplo.
Los estudiosos han discutido durante casi 70 años la verdadera procedencia de lo que se llama el Marcos arcaico. Este pequeño libro de 44 páginas, conocido como “códice“, contiene el texto completo de 16 capítulos del Evangelio de Marcos en texto diminuto, escrito a mano. El pequeño manuscrito -que también incluye 16 ilustraciones a color- durante mucho tiempo fue considerado un importante testimonio de un texto evangélico de la primera época o una falsificación moderna, según Margaret M. Mitchell, profesora de literatura cristiana y del Nuevo Testamento.
“El misterio está resuelto desde el punto de vista textual, químico y codicológico“, señaló Mitchell, cuyo interés por el Códice comenzó cuando lo vió por primera vez, en 1982. “Un análisis exhaustivo demuestra que no es un manuscrito bizantino auténtico, sino una falsificación“, dijo, “hecho en algún lugar entre 1874 y las primeras décadas del siglo XX“.
Luego de varias investigaciones llevadas a cabo por distintos organismos Quandt (experto en libros raros y conservacionista en el Museo de Arte Walters en Baltimore, USA) reconstruyó los pasos que el falsificador siguió para producir el manuscrito; desde la preparación del pergamino, a la pintura de las imágenes y la inscripción de texto, así como la aplicación del revestimiento moderno (nitrato de celulosa). Quandt también identificó formas específicas en que su producción no coincide con los procedimientos bizantinos, y se determinó que el pergamino utilizado no contiene ningún texto que haya sido restaurado, como se pensó en su momento.
Todos los detalles de esta larga investigación serán publicados en la revista Novum Testamentum, edición de febrero de 2010.




